Los SUPERSÓNICOS: Ecos de quirúrgicas sinfonías de amor

Asumir el pop como una entrega desde las manos es tan reconfortante como radical en un presente dominado por las programaciones y la digitalización. No solo es un punto de vista sino una forma de enfrentar el mundo, y esa es la manera en que Felipe Ortiz y Paula Molina –el dúo de multiinstrumentistas chileno tras Los Supersónicos– han decidido desarrollar los sorprendentes vuelos de su primer disco.

De entrada, un vals que bien podría funcionar en la banda incidental de un film noir de mediados del siglo XX –”Antes de ayer”– es en realidad la mejor carta para presentar en pleno siglo XXI el pop de cámara retrofuturista de unos intérpretes aventajados y con años de oficio que beben del rock, la bossa nova, el bolero y hasta el foxtrot para entender los engranajes de la producción musical como un eslabón fundamental de la cadena sonora.

Una nutrida gama de timbres e invitados en cuerdas, órganos, cornos, mandolina, cuatro, vibráfonos, percusiones y clavecines, solo por nombrar algunos, además de la base de guitarra, bajo y batería enriquecen canciones como “Oveja negra”, “Incendia”, “Felicia” y “La despedida” en dosis precisas que evitan la sobrecarga instrumental y conmueven con melodías evocadoras, secuencias de acordes poco usuales, suspensos, tensiones, trabajados juegos vocales y versos enigmáticos como “párate y camina hacia la luz, cada uno carga su propia cruz”.

Arrojados cuando hay que serlo –el cuarteto de cuerdas introductorio en “Profundo en el lago” o “Todo para ti”, nada menos que a capella–, en los cuidados detalles hay ecos de los mejores articuladores de pequeñas sinfonías, como Phil Spector, Tom Jobim, Paul McCartney, Brian Wilson, o para ir más cerca, Álvaro Henríquez y The High Llamas, todos quirúrgicos y obsesivos al igual que Los Supersónicos para comprimir manifiestos de amor en menos de cuatro minutos, lo mismo que de otra forma y dimensión hizo Roberto Parra, presente en espíritu cuando menos se le espera.

De algún modo, las personas en la pintura del reconocido artista Fernando Allende que ilustra la carátula bien podrían ser las mismas cuyas pulsaciones y respiraciones se escuchan con claridad a lo largo de un álbum tan lleno de potenciales singles como de temas que lo componen, desbordados de buen gusto y respeto por la tradición, en permanente búsqueda de la ensoñación de un pasado que mira hacia el futuro es quizá lo primero que viene a la mente solo al oír el nombre Los Supersónicos, una visión que calza perfecto con este debut promisorio que crece en cada audición, la primera piedra de la sociedad de Paula y Felipe. En sus propias palabras, “¿cómo partir sin mirar atrás?”

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